
Se habla mucho de bueyes perdidos... pero poco de VACAS ENCONTRADAS. Quiero desde aquí, intentar ser el medio vaso lleno, en la plena conciencia de que el lenguaje es transmisor de ideología... No hay competencia, sólo complementariedad, porque son las diferencias las que nos enriquecen. El aporte, aquí, es la mirada femenina. Ojalá les guste. Y que eso pase antes de que las vacas vuelen.
"Seamos capaces de sentir la satisfacción moral de un acto de libertad."
(Rodolfo Walsh)
martes, 29 de diciembre de 2009
CORAZON EN REVENTA

sábado, 28 de noviembre de 2009
TE RECUERDO, VICTOR
A desalambrar
Elijo recordarte el día de tu cumpleaños, el día de tu nacimiento a la vida, por lo que significaste y seguís significando para quienes tenemos alma y corazón para tu canto.
Naciste el 28 de septiembre de 1932... y te asesinaron en el Estadio Nacional de Chile, el 16 de septiembre de 1973. Casi a tus 41 años.
¿Quienes? Aún no se sabe... Sí se sabe por orden de quien... Por la dictadura genocida de Augusto Pinochet Ugarte, ese hombre que con los años se fue tornando en la sombra gestora del Plan Cóndor en tu Chile, en mi Argentina, en Uruguay, en Paraguay, en Bolivia, en Brasil. En nuestras patrias desangradas.
Elijo la fecha de la vida, porque tu vida fue para la vida. No sólo para la tuya, para la de todos.
Desde tu Manifiesto hasta Plegaria a un Labrador, desalambrando versos por Te recuerdo, Amanda, y por Las Casitas del Barrio Alto, todas pegadas con resipol... La belleza inconmensurable de tu compromiso.

Por eso, Víctor Jara, te recuerdo hoy, en tu cumpleaños número 77... aunque la imagen sea la de tu rostro eternamente joven, al lado de tu Joan, con el peso de estos 36 años que no pudieron compartir.
Ya se sabe, pericias fuera de todo tiempo mediante, que no te cortaron las manos hacedoras de música y amor, como creímos durante tanto tiempo. Pero sí se sabe que te golpearon y luego te llenaron de balas. Chile todavía no encuentra justicia para vos, aunque de a poco vaya encontrando verdad.
Por todo ésto, TE RECUERDO, VÍCTOR.
Plegaria a un labrador
Y de regalito... ¡qué encuentro!
JOHN LENNON-VICTOR JARA El derecho de vivir en paz
sábado, 21 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
COMO EL AVE FÉNIX... A RENACER

domingo, 4 de octubre de 2009
MERCEDES SOSA 1935-2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
ACLARANDO... porque si no aclaramos, oscurece
Véan este de TVR, antes de que el Grupo Clarín lo haga levantar de YouTube
TVR parte 6 LEY DE MEDIOS AUDIOVISUALES YA 120909
martes, 1 de septiembre de 2009
CAMINÓ
Caminó.
No demasiado lento ni demasiado rápido.
Pero lo hizo con conciencia de cada movimiento, propio y ajeno.
Caminó observando, sin perder detalle, aunque pareciera una niña absorta en sus pensamientos pre-adolescentes.
Quien la viera podría suponer que estaría pensando en algún ídolo musical, en algún protagonista de televisión o tal vez, en algún amor secreto (ay, Cristóbal… sí que eras lindo…).
Quien mirara directo a sus ojos, sabría que no encontraría luces de amor, ni sueños, ni fantasías.
Sus ojos glaucos escudriñaban, sí, pero más que al paisaje, a los visitantes de ese momento urbano.
Tenía doce años y ya había aprendido la crueldad humana en el capítulo más reciente –aún sin editar- de la historia nacional.
Sus ojitos no soñaban, tenían el peso de la tragedia no cabalmente comprendida. Palpable. Pero no comprendida.
Dicen que los ojos son los espejos del alma. Y que uno puede ver en los ojos de otra persona a quien realmente la habita.
¿Qué puede haber tan desolador como un par de púberes ojos transparentes, transparentando algún horror?
Porque no es el pavor irracional de un niñito asustado, no.
Ni el temor hecho carne en los ojos adustos de un mayor.
Es la expresión de quien acaba de descubrir que la maldad y la perversión existen, que causan efectos, que llegaron para quedarse.
Y que nada puede hacerse, porque todo entraña un riesgo.
-No hables de esto. Con nadie.
Ojitos tristes no pudo con el mandato materno, necesitó confiar sus horrores a su amiga del alma.
Y luego del alivio por sacar el oscuro secreto de dentro, la pavorosa sensación… “Ella” ahora sabe. ¿A quién le contaría?
Había que caminar mirando a los lados, hacia adelante pero con ojos en la nuca. Había que hacerlo sin levantar sospechas. Había que descubrir al perseguidor.
Ese, que se había llevado primero a su tío, luego a su tía, que había obligado a exiliarse a otros tíos y primos. El mismo que más tarde se llevaría a su papá. Y que en una orgiástica maratón terminaría matando de tristeza al abuelo Miguel.
Pocas cosas tan pesadas.
Yo todavía camino con esa mirada.