"Seamos capaces de sentir la satisfacción moral de un acto de libertad."

(Rodolfo Walsh)

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martes, 22 de julio de 2008

EL PAIS IMPAR II (o la vuelta de los dinosaurios)

A raíz del conflicto que se desató entre el sector agrario y el gobierno, en marzo de este año, por la pretensión gubernamental de cobrar una tasa a la renta extraordinaria en la exportación de granos, muchas cosas pasaron.

Pasaron cortes de ruta, pasaron productores agropecuarios decidiendo a discreción quienes podían pasar y quienes no, pasaron amenazas de que el conflicto, de no resolverse, iba a derivar en la muerte de personas, pasó la intervención de poderosos medios de comunicación tergiversando y mal informando a la población, en pos de intereses comerciales propios, entre tantas cosas que pasaron, y que no debieron haber pasado.

Una de las cosas que pasó es que un cantautor de música popular argentino, Ignacio Copani, compuso una canción -la llamó "Cacerola de Teflón"- para responder, desde su lugar de artista militante, a una protesta a golpe de tapas de cacerolas que hicieron personas vinculadas al agro, personas de muy buen pasar económico. Tal vez deba aclarar que las cacerolas de teflón son muy caras en la Argentina. 

También pasó que Ignacio Copani recibió amenazas contra la integridad física suya propia y de su familia, por "Cacerolas de Teflón".

Pasó que al amenazarlo a él por haberse expresado libremente, amenazaron nuestra libertad. Otra vez.

Aquí les dejo "Cacerolas de Teflón", de y por Ignacio Copani:

Lo que sigue es el texto de una carta abierta que Ignacio Copani escribió para dar a conocer la amenaza y dejar sentada su posición. La tituló "Por algo será".

La carta está musicalizada, la segunda canción, de la mitad del video en adelante se llama "Pueden verme".

Algo que no todos en mi país pueden decir...


 
Cuando la frase "Nunca Más" fue dicha por el fiscal, como cierre de su alegato en el primer juicio a los genocidas que encabezaron la última dictadura militar, lo que quiso decir fue precisamente eso...
¡NUNCA MÁS!


jueves, 17 de julio de 2008

EL PAIS IMPAR



Había una vez, un país en el que todo, todo, pero todo era blanco o negro. La gente se dividía a sí misma en hinchas de River o de Boca, radicales o peronistas, de la capital o del interior, argentinos o inmigrantes, morochos o blancos, pobres o ricos, personas o delincuentes, honestos o coimeros, finos o grasas, buenos o malos, jodedores o jodidos, explotadores o explotados. Blanco o negro.

Yo tengo razón, ergo, vos no. Diálogo de sordos. Monólogo. País impar.


Es uno u otro, nunca ambos, nunca una alternativa de consenso, nunca un acuerdo entre diferentes, siempre es el que impone desde el poder, para que se haga lo que dice ese UNO. Nunca dos, tres, cuatro, cinco…


En ese país, mi país, la Argentina, no había escala de grises… Los grises eran el único punto de coincidencia de los partidarios de blanco o negro, para ningunearlos, despreciarlos, acusarlos de tibios, indecisos, y cualquier otro epíteto que sirva para señalar que alguien no asume un compromiso. Blanco y negro coincidían en que el gris no merecía su consideración.
En este país, mi país, la Argentina, había –y aún hay- mucha gente que no sabe abrir la puerta para salir a jugar el imperfecto juego de la democracia. Imperfecta, perfectible en su imperfección. Siempre imperfecta. La democracia no es el juego de blanco o negro, es el juego de los grises.

Nobleza obliga, tengo que reconocer que es un sistema con el cual no comulgo, porque como está planteado, la democracia es para los de arriba y para los de abajo, palo y palo.


Pero la democracia es lo que hay, mientras no seamos capaces de hacer la revolución. Sepan disculpar, yo aún creo que es posible, y desearía una izquierda capaz de llevarla a cabo, en vez de dividirse en dos, en tres, en cuatro y siguen las firmas. Ese es otro tema.


La Argentina, mi país, tu país, pasó –y todavía pasa- por un proceso no tan extraño, en el que un grupo de productores agropecuarios que reciben rentas extraordinarias por sus exportaciones se niegan a pagar un tributo que llamamos, precisamente, “retenciones a la renta extraordinaria”. Hablamos de los que ganan demasiado, mucho más de lo que sería decoroso ganar en un país que todavía cuenta hambrientos.


La situación hizo eclosión, el gobierno manejó mal el asunto y pequeños productores, un sector muy postergado, tomaron la bandera en contra del aumento de esas retenciones. Y detrás de ellos, los grandes terratenientes, los que se beneficiaron con los gobiernos de facto, los grandes fondos fiduciarios dedicados a los granos, mucho, pero mucho interés económico por detrás. Los que siempre se salvan, como siempre, se salvaron a costa de los menos afortunados.


Hubo “paro agropecuario” (corresponde llamarlo lock out patronal), cortes de ruta (cuando los hacen los pobres, se los llama “piquetes” y siempre son reprimidos), desabastecimiento de alimentos, desabastecimiento de combustibles, fábricas que bajaron su producción y suspendieron personal, transportistas de mercaderías que estuvieron 3 meses sin poder trabajar. 

Dolieron las imágenes en la televisión de los camiones transportadores de leche derramando litros, litros y más litros de ese alimento a la vera de la ruta, por no poder pasar los cortes de ruta. En nuestro queridísimo país, productor de alimentos, hay gente que no come todos los días, porque no tiene qué comer. Y los señores de la renta extraordinaria provocaron que se derramaran cientos, miles de litros de leche. Es imperdonable.


Así y todo, nadie reprimió. Tampoco nadie defendió el derecho del pueblo a alimentarse. Nadie puso el énfasis suficiente en señalar que el agro es un sector, y que la Patria está conformada por muchos sectores.


Situación histórica, se puso a votación en el Congreso Nacional una ley que ratifica una decisión presidencial de aumentar lo que se cobra por la “renta extraordinaria”. Cámara de diputados, apoyó. Cámara de senadores, inédito empate. Desempata el presidente de la cámara, que es, como las normas prescriben, el Vicepresidente de la Nación. En este caso, un extrapartidario que votó contra la ley enviada por la Presidenta. 


Resultado, pareciera que el gobierno pierde, el agro cree que ganó. Pero la resolución que aumenta las “retenciones a la renta extraordinaria” sigue vigente, nunca se cuestionó su legalidad, porque fue el propio Congreso Nacional el que delegó facultades legislativas en el Poder Ejecutivo (una de tantas aberraciones legislativas…). Aún así, hay un inexplicable silencio oficial, sólo alguna referencia hacia defecciones de propios y decepciones de ajenos, pero nada puntual. Lo que sí hay son rumores de renuncia de la Presidenta.


Ahora bien, si el gobierno no deroga esa resolución, los terratenientes volverán a cortar las rutas. Los productores pequeños tendrán que negociar otras formas para que las retenciones no los afecten. Igual volverán a faltar alimentos.


Y nadie habla de los trabajadores rurales, los peor pagos del país, sometidos todavía por una ley de la última dictadura militar (que terminó hace casi 25 años) que los excluye de todo convenio colectivo de trabajo. Ellos, los que trabajan la tierra, no sólo no son sus dueños, sino que además, viven en la miseria absoluta.


Y los terratenientes cortan las rutas para pagar menos renta extraordinaria, menos ganancia excepcional producto de las exportaciones y los precios internacionales.


Mi país produce alimentos para más de 300 millones de personas y no puede darle de comer a sus 37 millones de habitantes.


El país impar, el país de uno, pero no del otro, y mucho menos de los que piensan distinto.


Yo quiero vivir en un país plural. Justo, libre, soberano y plural. 


¿Qué tan difícil puede ser?