
Día de Trabajadores - aguafuerte - Benito Quinquela Martín, pintor argentino
Intenté escribir esto antes del 1° de mayo. Pero ando medio de punta con la computadora, y la verdad verdadera es que no me senté a escribir.
Es que quería poner algo más que una simple efeméride (un día como hoy, pero de 1886, 200 mil trabajadores en huelga por la jornada laboral de ocho horas, tres días después movilización pacífica en el Haymarket Place, de Chicago, un “violento”, incidentes, represión, juicio sumario, cinco anarquistas condenados a la horca, uno que se suicidó antes de la ejecución, etc.).
Y pensé y pensé, y de a poco, algunas ideas tuvieron la generosidad de venir hacia mí.
Pensé que en la Argentina, trabajar es un privilegio. Que mucha, pero mucha gente no tiene acceso a una fuente de trabajo que dignifique su vida.
O sea que eso de la “Fiesta del Trabajo” es una mentira.
Pensé que aunque tenemos un gobierno aparentemente progresista, sigue habiendo en la Argentina una central de trabajadores a la que se le niega el reconocimiento legal, y me refiero, claro está, a la CTA, la Central de los Trabajadores Argentinos. Pero el gobierno prefiere negociar con la central histórica, la CGT, la Confederación General del Trabajo, de ideología justicialista (la misma del oficialismo), negando así a los trabajadores el derecho al disenso y a la libre elección gremial.
Y que los capitostes de esa representación sindical que negocia todo, aceptan financiar a los patrones el aumento salarial para todo el año, en cómodas cuotas, sin intereses… un asco.
Que gremios que adhieren a esa misma central sindical (llamarla central obrera sería una falta de respeto a los laburantes) aceptan dineros para hacer la vista gorda con las empresas que niegan a sus trabajadores el derecho a agremiarse, por caso, el Sindicato de Comercio: grandes cadenas de ventas de electrodomésticos PROHIBEN a sus empleados afiliarse al sindicato… y el sindicato no hace nada… ¿no es raro?
La misma central sindical que permite que el sindicato de origen de su conductor le “saque” afiliados a otro (sólo hay que recordar los episodios de los camioneros bloqueando hipermercados para reclamar que los transportistas de esa cadena no pertenezcan al sindicato de Comercio sino al suyo propio).
También pensé en que la “canasta familiar”, el indicador económico de lo que necesita mensualmente una familia tipo de 4 personas (matrimonio, dos hijos) para vivir es –extraoficialmente- de $ 4.300, y un sueldo promedio, en negro, por 9 horas de trabajo diarias, ronda los 1.500 pesos en el mejor de los casos- casi la tercera parte de lo que se requiere para llevar la vida dignamente. Aunque las cifras oficiales digan que se necesitan 484,55 pesos para no caer en la indigencia (o 614.80, según alguna consultora) y 1051,70 pesos para no caer por debajo de la línea de pobreza (si no fuera tan grave, juro que me reiría!)
Que con esas cifras ridículas, igual en la Argentina hay 15 millones de pobres.
Y que un jubilado que ha trabajado toda su vida es maltratado a la hora de hacer los trámites, que se demoran innecesariamente. Pero es mucho más maltratado cuando va a cobrar los pocos y miserables pesos de la jubilación mínima con los que se lo estafa, pasando por alto la ley que garantiza que cada trabajador pasivo debe percibir el 82 % mínimo, vital y móvil, del salario de un trabajador activo.
También recordé que en la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito del país en extensión, población y padrón electoral, los legisladores no convierten en ley la expropiación de fábricas abandonadas, para ser puestas en funcionamiento por sus trabajadores, fenómeno que se da desde hace varios años, con un vergonzoso vacío legal alrededor.
Que las fábricas despiden trabajadores y a los que protestan para resistirse a que les quiten su única fuente de ingresos, los encarcelan y los someten a proceso judicial.
Que hay trabajadores esclavos, carentes de todo derecho, que hay trabajadores en negro, que no tienen aportes para tener una vejez tranquila, que cada vez que se ofrece UN puesto de trabajo, hay filas de cientos de personas para ocuparlo, que a las mujeres se nos paga menos que a los hombres por la misma tarea, que hay lugares donde se obliga a una jornada laboral de 12 horas, y al que no le gusta, le dicen que se vaya… o lo van.
Pensé, definitivamente, que decirle a alguien “Felíz día del Trabajador”, era casi como una burla.
Y otra vez recordé, pero esta vez una canción. Creo que resume la contradicción entre la realidad y el discurso oficial sobre el tema.
Intenté escribir esto antes del 1° de mayo. Pero ando medio de punta con la computadora, y la verdad verdadera es que no me senté a escribir.
Es que quería poner algo más que una simple efeméride (un día como hoy, pero de 1886, 200 mil trabajadores en huelga por la jornada laboral de ocho horas, tres días después movilización pacífica en el Haymarket Place, de Chicago, un “violento”, incidentes, represión, juicio sumario, cinco anarquistas condenados a la horca, uno que se suicidó antes de la ejecución, etc.).
Y pensé y pensé, y de a poco, algunas ideas tuvieron la generosidad de venir hacia mí.
Pensé que en la Argentina, trabajar es un privilegio. Que mucha, pero mucha gente no tiene acceso a una fuente de trabajo que dignifique su vida.
O sea que eso de la “Fiesta del Trabajo” es una mentira.
Pensé que aunque tenemos un gobierno aparentemente progresista, sigue habiendo en la Argentina una central de trabajadores a la que se le niega el reconocimiento legal, y me refiero, claro está, a la CTA, la Central de los Trabajadores Argentinos. Pero el gobierno prefiere negociar con la central histórica, la CGT, la Confederación General del Trabajo, de ideología justicialista (la misma del oficialismo), negando así a los trabajadores el derecho al disenso y a la libre elección gremial.
Y que los capitostes de esa representación sindical que negocia todo, aceptan financiar a los patrones el aumento salarial para todo el año, en cómodas cuotas, sin intereses… un asco.
Que gremios que adhieren a esa misma central sindical (llamarla central obrera sería una falta de respeto a los laburantes) aceptan dineros para hacer la vista gorda con las empresas que niegan a sus trabajadores el derecho a agremiarse, por caso, el Sindicato de Comercio: grandes cadenas de ventas de electrodomésticos PROHIBEN a sus empleados afiliarse al sindicato… y el sindicato no hace nada… ¿no es raro?
La misma central sindical que permite que el sindicato de origen de su conductor le “saque” afiliados a otro (sólo hay que recordar los episodios de los camioneros bloqueando hipermercados para reclamar que los transportistas de esa cadena no pertenezcan al sindicato de Comercio sino al suyo propio).
También pensé en que la “canasta familiar”, el indicador económico de lo que necesita mensualmente una familia tipo de 4 personas (matrimonio, dos hijos) para vivir es –extraoficialmente- de $ 4.300, y un sueldo promedio, en negro, por 9 horas de trabajo diarias, ronda los 1.500 pesos en el mejor de los casos- casi la tercera parte de lo que se requiere para llevar la vida dignamente. Aunque las cifras oficiales digan que se necesitan 484,55 pesos para no caer en la indigencia (o 614.80, según alguna consultora) y 1051,70 pesos para no caer por debajo de la línea de pobreza (si no fuera tan grave, juro que me reiría!)
Que con esas cifras ridículas, igual en la Argentina hay 15 millones de pobres.
Y que un jubilado que ha trabajado toda su vida es maltratado a la hora de hacer los trámites, que se demoran innecesariamente. Pero es mucho más maltratado cuando va a cobrar los pocos y miserables pesos de la jubilación mínima con los que se lo estafa, pasando por alto la ley que garantiza que cada trabajador pasivo debe percibir el 82 % mínimo, vital y móvil, del salario de un trabajador activo.
También recordé que en la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito del país en extensión, población y padrón electoral, los legisladores no convierten en ley la expropiación de fábricas abandonadas, para ser puestas en funcionamiento por sus trabajadores, fenómeno que se da desde hace varios años, con un vergonzoso vacío legal alrededor.
Que las fábricas despiden trabajadores y a los que protestan para resistirse a que les quiten su única fuente de ingresos, los encarcelan y los someten a proceso judicial.
Que hay trabajadores esclavos, carentes de todo derecho, que hay trabajadores en negro, que no tienen aportes para tener una vejez tranquila, que cada vez que se ofrece UN puesto de trabajo, hay filas de cientos de personas para ocuparlo, que a las mujeres se nos paga menos que a los hombres por la misma tarea, que hay lugares donde se obliga a una jornada laboral de 12 horas, y al que no le gusta, le dicen que se vaya… o lo van.
Pensé, definitivamente, que decirle a alguien “Felíz día del Trabajador”, era casi como una burla.
Y otra vez recordé, pero esta vez una canción. Creo que resume la contradicción entre la realidad y el discurso oficial sobre el tema.
ME MATAN SI NO TRABAJO
(Nicolás Guillén - Daniel Viglietti)
Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,
siempre me matan.
Ayer vi a un hombre mirando,
mirando el sol que salía.
El hombre estaba muy serio
porque el hombre no veía.
Ay, los ciegos viven sin ver
cuando sale el sol.
Ayer vi a un niño jugando
a que mataba a otro niño.
Hay niños que se parecen
a los hombres trabajando.
Ay, quién le dirá cuando crezcan
que los hombres no son niños,
que no lo son.
Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,
siempre me matan.
(Nicolás Guillén - Daniel Viglietti)
Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,
siempre me matan.
Ayer vi a un hombre mirando,
mirando el sol que salía.
El hombre estaba muy serio
porque el hombre no veía.
Ay, los ciegos viven sin ver
cuando sale el sol.
Ayer vi a un niño jugando
a que mataba a otro niño.
Hay niños que se parecen
a los hombres trabajando.
Ay, quién le dirá cuando crezcan
que los hombres no son niños,
que no lo son.
Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,
siempre me matan.
Sepan disculpar el bajón, pero busco y busco, y no encuentro motivos para pensar que este 1° de mayo que pasó haya sido un día de festejo. Sólo me reconforta saber que hay mucha gente que no baja los brazos, que da pelea, y me gusta ser parte de eso.